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| PESADILLA Capítulo 6 |
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- Elena Una voz que parecía llegar de muy lejos se coló en su sueño. Se dio la vuelta y se recostó un poco más. - Elena, despierta. De pronto un murmullo de pensamientos llenó su cabeza y fue consciente de donde estaba. Se había quedado dormida en aquél bosque. Giró la cabeza y abrió los ojos. Un montón de luces iluminaban todo el lugar. Delante de ella estaba Alfredo mirándola con una expresión que no podía comprender. - ¿Qué te pasa? – Le preguntó Elena. Pero él se echó a llorar desconsoladamente y no pudo articular palabra. Unos hombres que llevaban una especie de toga blanca se acercaron hasta ella y de un modo muy amable la invitaron a acompañarles. Elena se levantó del suelo y les siguió sin ofrecer resistencia. Alfredo seguía llorando. Elena todavía se hallaba bajo los efectos del sueño y no comprendía muy bien todo aquello. Llegaron a una cabina como las que usaban para los recorridos por el mundo natural y se montaron todos dentro. Ella y Alfredo iban en la parte de atrás mientras que los hombres de la toga blanca se sentaron en la parte de delante dejándoles a solas. - ¿Qué pasa Alfredo? ¿Qué es todo esto? Elena se quedó un rato sin decir nada. No sabía si decirle la verdad de lo ocurrido. De hecho ahora que tenía a Alfredo delante no lo entendía ni ella, pero lo cierto es que lo había estropeado todo. Ahora la echarían de este lugar y no lo volvería a ver. - ¿Elena? – Preguntó Alfredo. - ¿Porqué lo hiciste? – Elena respiró hondo y entonces comenzó a hablar. Elena se quedó petrificada. No sabía que decir. Miró fijamente a los ojos de Alfredo que todavía estaban rojos de haber llorado y le dijo: - O sea, que lo he estropeado todo por una tontería, ¿no? En ese momento la cabina en la que viajaban se paró y los dos hombres que viajaban en la parte de adelante del vehículo se bajaron y abrieron la puerta del compartimento donde estaban ellos. Alfredo y Elena se bajaron de la cabina y siguieron a los hombres hasta un edificio de color oscuro que estaba en medio de un lugar desértico que ninguno de los dos conocía. Una vez dentro del edificio les separaron. Elena caminaba detrás de uno de esos hombres silenciosos que la guiaba a través de un largo pasillo. Antes de girar una esquina echó un vistazo por encima de su hombro y vio como Alfredo la miraba del mismo modo en que ella lo estaba haciendo antes de perderle de vista. Al final del pasillo había una puerta. Al llegar allí el hombre la abrió y le invitó a que entrara con un gesto suave pero serio. Elena entró y detrás de ella la puerta se cerró dejándola a solas en ese lugar. Pasó un buen rato antes de que nadie entrara de nuevo por esa puerta. En ese tiempo Elena pensó en muchas cosas. Se acordó del modo en que había llegado allí. Se acordó también de cómo Alfredo se había acercado hasta ella. De los días que habían pasado juntos. Pensó también en que haría todo lo posible para ayudarlo. Asumiría toda la culpa de lo que había pasado y así él no se vería perjudicado. La puerta se abrió y vio a dos de esos hombres cubriendo la entrada totalmente. Entonces se separaron dejando paso a otra persona. Era Alfredo, que al verla salió corriendo hacia ella. Ambos se abrazaron y se besaron. Los hombres cerraron la puerta dejándoles a solas y entonces Elena dijo: - Cariño. ¿Dónde te han llevado? ¿Qué te han hecho? - Alfredo Se cogieron de las manos y entonces la sala empezó a oscurecerse. Una fuerza extraña tiraba de ellos en direcciones opuestas. En alguna parte una sirena rasgaba el silencio ensordecedor. Elena no conseguía oír lo que Alfredo le decía y pensó que si eso era el final daba igual lo que hiciera ya, así que decidió hablar en voz alta. - ALFREDOOOOOOOOOOOOO, TE QUIERO Él la miró mientras sus dedos se escurrían de entre los de ella y su cara se fue perdiendo en medio de la oscuridad. - ALFREDOOOOOOOOOOOOO – gritó una vez mas |
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...Capítulo 7 |
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